RECUERDO: MÁS QUE UN CLUB (octubre 2005)

 

El otro día andaba buscando letras de canciones por la red y me encontré por casualidad con el himno de los hinchas del Manchester United (pido disculpas a los de basket que siempre dicen que sólo pongo ejemplos futboleros) cantado por Status Quo –un grupo de rockeros sexagenarios melenudos que difícilmente podrían pasar el filtro del traje de aula- En una de las estrofas (por supuesto no esperen ripios a lo Rubén Darío...) decían:


 

Busby Babes they always made me cry
Thinkin' 'bout the teams of years gone by:
Charlton, Edwards, Law and Georgie Best.
We're United, you can keep the rest.

 

Los chicos Busby siempre me hacían gritar

Pensando en los equipos de antaño:  

Charlton, Edwards, Law y Georgie Best.

Somos el United, puedes quedarte con resto. 


            Y pensé: qué grande es un club, que grande es una institución que es capaz de recordar en los cantos de sus hinchas a aquellos jugadores que la hicieron grande, que no vive solamente de las estrellas del presente. Y es que un club –de lo que sea- se hace legendario cuando los viejos pueden recordar de memoria las alineaciones de su época de niños.

            Todos estos pensamientos se entremezclaban el pasado 23 de septiembre cuando, en el acto de inauguración del 125 aniversario, veía subir al escenario a profesores, empleados, directores eméritos, antiguos alumnos, padres y jesuitas que en los últimos 30 han servido con fidelidad al Colegio. Vaya equipazo: José Luis Negro, Eusebio Puerto, Leonardo Dorado, Cirilo Sesma, Felicitas Diolazo, Florindo Bartolomé...; qué presidentes: P. Manuel Abella, P. Agustín Alonso, P. Baselga, P. José Luis Cano, P. Miguel Ángel Jiménez;  qué entrenadores: P. Carlos Velasco, Adolfo Negro, Mª Mar Murillo, P. Rafa Mateos; y menuda junta directiva con D. José Mª Gamazo, los matrimonios Belmonte y Oriol . Y eso que no ponemos a muchos que siguen en activo porque la lista sería interminable.

            Cuando uno ve a estas personas y las fotos de la historia del Colegio se da cuenta de que pertenecemos a algo que empezó antes de nosotros y que, si lo cuidamos, será de otros que vendrán. Que nuestra vida no es solamente una sucesión de instantes independientes, sin conexión entre ellos y sin repercusión en el futuro. Porque si nuestra vida se reduce a una sucesión de “subidones” de experiencias más o menos placenteras sin querer mirar más allá del momento, sin querer pensar en qué consecuencias puede tener esto que hago en mi vida, en la de los que me rodean o incluso en el medio ambiente, puede ocurrir que acabe hipotecando mi salud, mi equilibrio psíquico y mi felicidad futura.

            Lo del “carpe diem” tiene una lectura positiva en cuanto que sólo tenemos una vida terrena en la que no podemos desperdiciar un minuto. Desgraciadamente mucha gente se queda con la peor interpretación: vívelo todo, pruébalo todo, consúmelo todo, y, cuanto más intensamente, mejor. No pienses en el futuro. Vive el momento. Sin profundidad, en la superficie.

Somos gente en construcción. Si los cimientos que ahora me tocan construir son de un hormigón frágil porque me he acostumbrado a tenerlo todo, ya y sin esfuerzo, cuando sea mayor (que  lo seré, no hay duda) y venga alguna dificultad el edificio de mi vida se derrumbará cual casa de Nueva Orleáns tras el paso del Katrina.

Este verano, el Cardenal Madariaga, de Honduras, nos dijo a algunos afortunados que estuvimos en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia: “la juventud es el tiempo que te queda para hacer cosas grandes, independientemente de la edad que tengas” Ojalá que cuando celebremos el 150 aniversario se pueda decir de nosotros -que aún podemos hacer cosas grandes- que las hicimos en el Colegio, en nuestra vida, en el mundo.